La siembra en vivero representa una fase estratégica para el éxito de cualquier cultivo hortícola, tan importante como la fase de cultivo en campo. De hecho, el 50 % del éxito del cultivo depende de la fase de vivero: los primeros 30 días en el vivero son tan importantes como los siguientes 120 días en el campo. Una gestión adecuada de las primeras etapas de crecimiento permite obtener plántulas uniformes, vigorosas y preparadas para afrontar el trasplante en las mejores condiciones posibles. En Smarties.bio creemos que la calidad de un cultivo comienza desde la germinación. Por ello, una correcta siembra en vivero requiere prestar atención a cada detalle, desde la elección del sustrato hasta el control de la temperatura y la humedad.
¿Por qué elegir la siembra en vivero?
El cultivo en vivero ofrece numerosas ventajas frente a la siembra directa en campo:
- Mayor control de las condiciones ambientales.
- Mejor porcentaje de germinación.
- Crecimiento uniforme de las plántulas.
- Reducción de las pérdidas durante las primeras fases de desarrollo.
- Posibilidad de planificar con precisión los tiempos de trasplante.
- Mejor control de las malas hierbas.
Una gestión cuidadosa del vivero también permite obtener plántulas más sanas y resistentes, mejorando el rendimiento final del cultivo.

La elección de los recipientes y del sustrato
Para una siembra eficaz, se recomienda utilizar bandejas alveolares o bandejas específicas para la producción de plántulas. Siempre es aconsejable utilizar recipientes nuevos. En caso de emplear recipientes reutilizados, su limpieza y desinfección son fundamentales para prevenir problemas fitosanitarios. Asimismo, es importante elegir un sustrato específico para cultivos hortícolas, evitando turbas demasiado rubias y de fibra larga, más adecuadas para la producción de plantas ornamentales. El sustrato debe ser homogéneo y garantizar una correcta aireación del sistema radicular. Un ambiente limpio y bien gestionado constituye el primer paso hacia una producción de calidad.
Temperatura y humedad: los factores clave de la germinación
Durante la fase de germinación, el control de la temperatura desempeña un papel determinante. En el caso de las achicorias y los radicchios, la germinación óptima se produce con temperaturas comprendidas entre 25 y 28 °C. Es importante mantener estas condiciones hasta la emergencia de la plántula, asegurando al mismo tiempo un nivel constante de humedad en el sustrato. Además, es necesario evitar:
- Temperaturas superiores a 35 °C.
- Temperaturas inferiores a 24 °C.
- El encharcamiento, que puede favorecer la aparición de podredumbres radiculares.
En el caso de la lechuga, deben evitarse temperaturas de germinación superiores a 20 °C, siendo 15 °C la temperatura ideal. Un riego adecuado debe mantener el sustrato húmedo sin excesos, garantizando el equilibrio correcto entre agua y oxígeno.

Las primeras fases de crecimiento
Después de la germinación, las plántulas jóvenes necesitan condiciones estables para desarrollar un sistema radicular sano y un crecimiento vegetativo equilibrado. Durante esta fase es importante controlar de forma constante la posible presencia de pulgones, trips, lepidópteros y otros insectos fitófagos, especialmente durante los períodos más cálidos del año. Una intervención oportuna permite preservar la calidad de las plántulas y favorecer un crecimiento uniforme.
Cuándo realizar el trasplante
Uno de los errores más comunes es retrasar excesivamente el trasplante. Por lo general, las plántulas están listas para ser trasplantadas cuando alcanzan el estadio de 4 a 5 hojas verdaderas. En los cultivos de achicoria y radicchio, esto suele ocurrir entre 20 y 25 días después de la siembra en verano y hasta 30 días durante los períodos más fríos. Es fundamental evitar trasplantar plántulas demasiado viejas (más de 30 días después de la siembra) o estresadas, ya que esta condición puede favorecer la subida a flor y comprometer el resultado final del cultivo.
Algunas recomendaciones prácticas antes del trasplante
Para limitar posibles daños al sistema radicular y a las hojas, es recomendable preparar las plántulas unos días antes de su traslado al campo. Una correcta gestión de esta fase favorece el arraigo y permite que las plantas jóvenes reanuden rápidamente su crecimiento tras el trasplante. Las plántulas ideales deben presentar:
- Color verde uniforme.
- Sistema radicular bien desarrollado.
- Ausencia de plagas y enfermedades.
- Crecimiento equilibrado, sin un desarrollo excesivamente avanzado.
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